Diferencias físicas de una persona autista más allá del cerebro
Cuando se habla de autismo, la conversación suele centrarse en el cerebro, la conducta o la comunicación. El problema es que esta visión deja fuera las diferencias físicas de la persona autista como si solo afectara al cerebro de forma aislada.
Cada vez existen más investigaciones sobre las diferencias fisiológicas en el sistema inmune, los tejidos, el aparato digestivo, el metabolismo… Áreas en las que aparecen patrones distintos con mucha más frecuencia que en la población neurotípica.
Es decir: el autista no solo piensa o procesa diferente, también su cuerpo funciona de otra forma a nivel biológico.
Un problema histórico: se definió desde fuera, sin tener en cuenta las diferencias físicas de la persona autista
Durante décadas, al autismo se estudió observando la conducta visible:
- Comunicación
- Interacción social
- Lenguaje
- Rutinas
- Estimulación repetitiva
El modelo médico tradicional se centró tanto en el comportamiento, que las diferencias físicas quedaron fuera.
Como consecuencia, la biología de las personas autista se interpretó durante años como ansiedad, exageración, somatización o problemas independientes.
Pero poco a poco empezó a aparecer un patrón: muchas personas autistas compartían alteraciones fisiológicas similares.
Sistema inmune: inflamación y activación alteradas
Uno de los campos más investigados actualmente es el del sistema inmune. Diversos estudios han encontrado que aparecen diferencias físicas en la persona autista:
- Respuesta inflamatoria
- Activación inmune
- Regulación de citoquinas
- Procesos neuroinflamatorios
Esto significa que en el autismo hay una relación muy estrecha e importante entre el sistema nervioso y la inmunidad. Además, algunas enfermedades autoinmunes aparecen con mayor frecuencia en personas autistas o en sus familias.
El tejido conectivo y el autismo
Un tema muy desconocido todavía, y que necesita que hablemos de él, es la relación entre autismo e hiperlaxitud o alteraciones del tejido conectivo.
Muchas personas autistas presentan:
- Hipermovilidad articular
- Dolor musculoesquelético
- Fatiga física
- Problemas posturales
- Fragilidad de ligamentos
- Mayor facilidad para lesiones
Esto puede explicar por qué las personas autistas describen dolor corporal constante, algo que no encaja en la clásica imagen del autismo que tiene la mayoría de la población.
¿Por qué los autistas siempre están agotados?
El sistema nervioso autónomo regula funciones que normalmente ocurren sin hacer un esfuerzo consciente:
- Presión arterial
- Frecuencia cardíaca
- Digestión
- Temperatura corporal
- Sudoración
- Respuesta al estrés
En las personas autistas, esta regulación autónoma está alterada y presentan:
- Mareos al levantarse
- Sensación de agotamiento extremo
- Problemas de regulación térmica
- Taquicardia
- Fatiga desproporcionada al esfuerzo
Muchas veces, estos síntomas se atribuyen únicamente a ansiedad, cuando hay componentes fisiológicos detrás.
Además, en muchos casos, el problema se agrava por vivir en entornos diseñados para cuerpos y sistemas nerviosos neurotípicos: exceso de estímulos, falta de adaptaciones, exigencia constante de sobreesfuerzo, necesidad continua de compensación física y mental, etc.
Todo ello mantiene al organismo en un estado de estrés sostenido que incrementa aún más el desgaste corporal.
Problemas digestivos que no son simple “sensibilidad”
Los problemas gastrointestinales son muchísimos más frecuentes en población autista que en población general.
Durante años, esto se trató como algo secundario o desconectado del autismo pero, con el actual interés en el eje intestino-cerebro, se ha descubierto que el cuerpo autista funciona de manera sistémica distinta en muchos casos.
El sueño: otro problema gravemente infravalorado
Los trastornos del sueño son otra de las diferencias físicas de la persona autista, extremadamente frecuentes además:
- Ritmos circadianos alterados
- Dificultad para conciliar el sueño
- Sueño fragmentado
- Hipersensibilidad
- Desregulación de melatonina
Además, cuando el descanso no es el adecuado durante tanto años, todo el cuerpo se ve afectado:
- Problemas de regulación emocional
- Dolor
- Alteraciones del sistema inmune
- Falta de energía y atención
- Necesidad de más tiempo de recuperación física
Y hablando de dolor, las personas autistas presentan diferencias en la percepción y expresión de dolor. Algunas tienen hipersensibilidad extrema y otras todo lo contrario: dificultad para detectar lesiones o señales.
Esto lleva a problemas médicos infradiagnosticados porque el dolor no siempre se expresa de la forma que médicos y familiares esperan.
Entonces, ¿existe un cuerpo autista? Y ¿por qué está tan mal explicado?
No existe un cuerpo autista idéntico en todas las personas autistas, igual que no existe un único perfil cognitivo. Pero sí existe un patrón sistémico donde el cuerpo presenta diferencias físicas en la persona autista relevantes respecto a la población neurotípica.
Y esto está tan mal transmitido porque el modelo tradicional del autismo se construyó observando el comportamiento externo, no el interno. Además, muchas de las manifestaciones corporales se trataron de manera independiente, sin pensar que podían forman parte de un mismo perfil neurobiológico.
Lo importante es entender que el cuerpo autista no está “mal”, sino que funciona de manera diferente a muchos niveles fisiológicos.
Comprender el autismo, y a las personas autistas, también desde el cuerpo ayuda a construir una visión mucho más completa y realista de lo que significa ser autista.