¡Qué pronto nos hemos olvidado de la higiene de manos!
Hubo un tiempo, no hace tanto, en el que nuestras manos se convirtieron en protagonistas de nuestra vida cotidiana. Tan solo tendrás que hacer un poco de memoria y recordarás la obsesión que teníamos por lavarlas durante la pandemia causada por la COVID-19.
Durante esa época, aprendimos a lavarlas una y otra vez, a llevar gel hidroalcohólico en el bolso y a mirar con cierta desconfianza cualquier superficie que pudiera haber sido tocada por otras personas. La higiene de manos pasó a convertirse en una de las grandes protagonistas de la prevención.
Hoy, con aquella emergencia sanitaria ya lejos de nuestras rutinas, parece que hemos recorrido el camino contrario. El gel ha desaparecido de los bolsos, lavarse las manos con frecuencia ya no ocupa nuestros pensamientos y hemos recuperado la vieja costumbre de hacerlo únicamente cuando consideramos que están visiblemente sucias. Pero ¿realmente hemos dejado de necesitar ese cuidado?
La higiene de manos durante la pandemia
Durante la pandemia, lavarse las manos y utilizar soluciones hidroalcohólicas formaron parte de las recomendaciones para reducir la transmisión de microorganismos.
Aquella insistencia tuvo una consecuencia positiva: muchas personas incorporaron a su rutina una práctica que, en realidad, ya era fundamental mucho antes de que apareciera el coronavirus.
Y continúa siéndolo. La OMS señala actualmente la higiene de manos como una medida de salud pública especialmente importante para reducir enfermedades diarreicas e infecciones respiratorias agudas. De hecho, sus nuevas directrices para entornos comunitarios subrayan que esta práctica no debería reservarse para las emergencias sanitarias, sino formar parte de la vida cotidiana.
¿Qué puede ocurrir cuando falla la higiene de manos?
Las manos están constantemente en contacto con personas, objetos y superficies. Después, casi sin darnos cuenta, las llevamos a la boca, la nariz, los ojos o los alimentos. De esta manera, pueden convertirse en un vehículo para distintos microorganismos.
Entre los problemas de salud cuya transmisión puede favorecer una higiene de manos deficiente encontramos:
1.- Gastroenteritis y diarreas infecciosas. Bacterias, virus y parásitos pueden pasar de las manos a la boca o contaminar alimentos. La OMS reconoce el lavado de manos con jabón como una medida eficaz para reducir el riesgo de enfermedades diarreicas.
2.- Norovirus. Es uno de los virus responsables de numerosos episodios de vómitos y diarrea y se caracteriza por su elevada facilidad de transmisión. Una correcta higiene de manos ayuda a evitar su propagación.
3.- Gripe y otras infecciones respiratorias. Las manos pueden transportar microorganismos hasta la nariz, la boca o los ojos después de entrar en contacto con superficies contaminadas. Por eso, lavarlas frecuentemente forma parte de las medidas recomendadas para reducir la propagación de virus respiratorios.
4.- Infecciones por bacterias como Salmonella o Ecoli. Estos microorganismos pueden llegar a las manos, entre otras vías, después de utilizar el baño, cambiar pañales o manipular alimentos crudos, y posteriormente transmitirse a personas o a alimentos.
5.- Enfermedades transmitidas por contaminación fecal. No hace falta que las manos parezcan sucias para que puedan transportar microorganismos procedentes de las heces. Por eso, lavarlas después de ir al baño y antes de preparar o consumir alimentos resulta especialmente importante.
Una costumbre que merece quedarse
Quizá la pandemia nos llevó a extremar algunas precauciones y, en determinados momentos, a pensar demasiado en los microorganismos que nos rodeaban. Pero eso no significa que la higiene de manos fuera una moda pasajera. La emergencia terminó; la necesidad de prevenir infecciones, no.
No se trata de volver a vivir pendientes del gel hidroalcohólico ni de convertir cada contacto en una operación de desinfección. Se trata de recuperar el sentido común: lavarse las manos con agua y jabón en los momentos importantes, especialmente después de ir al baño, antes de preparar o comer alimentos, después de toser, estornudar o sonarse y cuando estén visiblemente sucias.
La pandemia nos recordó algo que quizá hemos olvidado demasiado rápido: dos manos aparentemente normales pueden transportar microorganismos capaces de provocar una enfermedad. Y, precisamente por eso, dedicar unos segundos a lavarlas sigue siendo una de las medidas preventivas más sencillas que tenemos al alcance.