¿Realmente es posible alcanzar un orgasmo en sueños?
Hoy queremos poner sobre la mesa un tema que ha ganado especial relevancia en los últimos meses a raíz de que dos rostros muy conocidos afirmaran en el programa “La Revuelta” que habían alcanzado el orgasmo en sueños, llegando incluso a despertarse y sentir cómo acababan de llegar al clímax.
Este tipo de relatos despiertan, inevitablemente, una mezcla de escepticismo y fascinación. ¿Se trata de episodios aislados, exageraciones o existe una base científica sólida que explique este fenómeno? Y, en caso afirmativo, ¿es algo que pueda experimentar cualquier persona? A lo largo de este texto se aborda, con rigor científico, qué hay de cierto en los llamados “orgasmos nocturnos” y por qué se producen.
¿Es posible alcanzar el orgasmo en sueños?
La respuesta es clara: sí, es posible.
El fenómeno es conocido en sexología como orgasmo nocturno o sexomnia, aunque también hay quién lo denomina, menos acertadamente, emisión nocturna.
Aunque tradicionalmente se ha asociado a la adolescencia masculina, lo cierto es que puede presentarse en personas adultas y en ambos sexos.
Durante el sueño, especialmente en la fase REM (Rapid Eye Movement), el cerebro mantiene una elevada actividad neuronal. En esta etapa se producen los sueños más vívidos, y también una activación significativa del sistema nervioso autónomo, responsable de funciones involuntarias como la respiración, la frecuencia cardíaca o la respuesta sexual.
En este contexto, no resulta extraño que, si se tienen determinados sueños de alto contenido erótico puedan desencadenarse respuestas fisiológicas completas, incluido el orgasmo.
Diversos estudios en el ámbito de la sexología y la neurociencia han documentado la existencia de estos episodios, confirmando que no solo son reales, sino que forman parte de la variabilidad normal de la respuesta sexual humana.
¿Por qué ocurre?
Para comprender este fenómeno más en profundidad, es necesario detenerse en cómo funciona la respuesta sexual desde un punto de vista neurofisiológico.
El orgasmo no es únicamente un evento genital: es, ante todo, una experiencia cerebral. Intervienen múltiples estructuras del cerebro, como el sistema límbico, encargado de las emociones y las áreas corticales relacionadas con la percepción y la imaginación.
Durante la fase REM del sueño, se produce una activación cerebral que, en ciertos aspectos, se asemeja al estado de vigilia. A esto se suma una inhibición parcial de los lóbulos frontales, lo que reduce el control racional y favorece la aparición de contenidos oníricos intensos, incluidos los de carácter erótico y sexual.
En paralelo, el cuerpo experimenta lo que se conoce como tumescencia peneana nocturna en los hombres y congestión genital en las mujeres. Estos procesos son automáticos y no dependen necesariamente de estímulos sexuales conscientes. Si a esta activación fisiológica se le añade un contenido onírico erótico suficientemente intenso, puede desencadenarse la cascada neuroquímica propia del orgasmo, con liberación de neurotransmisores como la dopamina y la oxitocina.
En los hombres, esto puede culminar en la eyaculación. En las mujeres también, aunque no siempre puede haber una manifestación física tan evidente y completa, pero sí llegar a experimentar contracciones musculares y sensaciones subjetivas intensas.
¿Les ocurre más a los hombres o a las mujeres?
Históricamente, los orgasmos nocturnos se han asociado más a los hombres, principalmente porque la eyaculación es una evidencia física clara que facilita su identificación. Sin embargo, esta percepción está sesgada por una cuestión de visibilidad, no de prevalencia real.
Las investigaciones indican que tanto hombres como mujeres pueden experimentar un orgasmo en sueños. En el caso de las mujeres, estos episodios han estado tradicionalmente infrarreportados, en parte por factores culturales, educativos y por la menor visibilidad fisiológica del orgasmo femenino.
Algunos estudios sugieren que las mujeres podrían experimentar orgasmos nocturnos con una frecuencia similar o incluso mayor de lo que se pensaba, especialmente en etapas de mayor actividad hormonal o cuando existe una mayor conexión con la propia sexualidad.
Conclusión
Lejos de ser un mito o una exageración viral, alcanzar el orgasmo en sueños es un fenómeno real, documentado y perfectamente explicable desde la ciencia. Se trata de una manifestación más de la compleja interacción entre cerebro, cuerpo y sexualidad, que puede aparecer de forma espontánea y sin intervención consciente.
No es una experiencia universal, pero sí forma parte del repertorio posible de la respuesta sexual humana. En definitiva, mientras el cuerpo descansa, el cerebro puede, en ocasiones, encender una pequeña tormenta de sensaciones que culmina en el clímax, recordándonos que la sexualidad no se apaga al cerrar los ojos, sino que, a veces, encuentra en los sueños su escenario más inesperado.